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20.12.11

Megadramas.

Lo que me gusta de la novela esta de Caracol, Primera Dama, es que su protagonista es una mujer calculadora y sin escrúpulos. Es decir, la villana clásica, la bruja de las manzanas. Y no solamente eso, varios de los personajes tienen su guardado. Es decir, no son unidimensionales: ni son muy buenos, rayando en la inocencia, ni claramente malos. Es más, la protagonista tiene algo muy bueno de lo que huye, que está representado un poco en su madre. Eso atrae. Se sale de los moldes. También la gente que miente porque espera estar junta sin tener que mantener un secreto por mucho tiempo. Pero no se siente como si estuvieran haciendo algo malo: despiertan una simpatía. Es muy raro ver que alguien “bonito” o “guapo” siga ceñido a eso que siempre se utiliza en la tele, es decir, que la ternura sea proporcional a la bondad de alguien. No. Y es bueno, claro, es bueno porque en algún momento habrá algo que hará que estos personajes se enfrenten a un dilema y reconozcan que sus actos y su forma de ser no es la apropiada, que llegue un arrepentimiento, una lucha, una reflexión. La moraleja no podría ser que el amor siempre triunfa, o tal vez sí, pero también otra cosa, algo de verdad importante, práctico. En todos los capítulos los televidentes aterrándose con como una mujer puede ser tan fría pero también apoyándola para luego verla darse el totazo. Ver como se levanta, o por lo menos lo intenta. Cambia eso de que los protagonistas son mártires y luego terminan la novela después de un recorrido lleno de dificultades dónde hay una recompensa. No. Y me gusta eso: en cualquier momento se van a caer, van a tropezar, se les va a romper el hilo por el que caminan sin cuidado.

Insisto en que es bueno que muestren personajes así. Durante mucho tiempo en la televisión se muestra más o menos que la apariencia de una mujer dice como es ella hasta en la cama. Y eso viene de hace rato, por ejemplo hay una mujer a la que veo constantemente y pienso que porque sus labios son pequeños, delgados, sus ojos claros y su cabello rubio va a amarlo a uno de una forma mejor, o que esa es la razón por la que el corazón se hincha de otra manera. Que, mejor dicho, se está a nada de amarla, que falta es el trámite del contacto y la palabra mediada. Que lo tiene todo, todo, para ser la mujer perfecta, alguien que no se sabe ni cómo se llama. Esta mujer, claro, tiene su novio, personaje importante en la empresa. Es alto, tiene mirada y mañas de tipo excluyente, es de esos que uno puede decir nacieron en cuna de oro. A veces cuando parpadea lo hace exageradamente, cerrando los ojos de una forma brusca y abriendo un poco la boca, estirando toda la piel de la cara. No se ríe mucho, habla en la mayoría del tiempo en imperativo, tiene canas y a las mujeres de aquí las tiene impresionadas porque es fácilmente el más alto del lugar. Mientras yo me pregunto qué hace la mujer de mis sueños con un pendejazo como ese, alguien me dice que el tipo es churrísimo y que es bien simpático, aun cuando se hace evidente su desprecio por la gente.

Pero todos vamos ahí cada uno con sus prejuicios y gustos hasta parecidos. Según lo que se ve en el apartado físico de cada uno la vieja es blanca nieves y el tipo “la clase de hombre que le gusta a todas, mira: alto, elegante, inteligente, con un buen puesto” y cosas así. Como siempre el idealismo de la princesa contra el pragmatismo del buen partido. Yo creo, y lo digo desde acá sentado sin sostenérselo a nadie, que esa manera déspota del tipo las mujeres la relacionan con algo de poder. No es el cargo que ostenta sino la fuerza que le da su forma de ser, el cómo se relaciona y trata a los demás. Esa manera de ser enloquece: denota fuerza, personalidad, poder, seguridad. Nunca en un comportamiento reprochable se vieron tantas cualidades juntas. Y eso llama la atención. Algunas compañeras no reparan en eso salvo cuando uno se los señala, a lo que dicen “pues sí, pero no importa”. A ellas no les importa que el tipo sea así, a nosotros que no le conozcamos la voz a ella, simplemente que existe y que es divina, un juicio que no depende sino de qué tan apretado tiene el pantalón.

Luego viene lo otro, la angustia porque se es gordo, algo que tiene solución mediante cirugías y cosas que reemplazan la fuerza de voluntad y el esfuerzo, pero que tienen un resultado casi inmediato. Así uno esté gordo por descuido o enfermedad y bajito como es y siendo lo guevón que es con los demás pues no le alcanza para nada, un personaje cómico, un actor de reparto, el extra con dos o tres líneas  de parlamento, el coraje no ya para desaparecer los kilos o subir unos centímetros sino para hacer menos evidente la desventaja, todo el mundo pendiente de eso, la gente con el filtro en la mirada y la imposibilidad de ser algo más en la cabeza de los demás. El “yo pensé que tu comías más” por la panza que uno tiene, o la presunción de que uno tiene que ser bien divertido o muy rabón. Ahí va el gordo, chao gordo, la fatiga que da todo y el cansancio que se le acumula a uno como polvo, la armadura esa que no es otra cosa que la costumbre por escuchar ese tipo de cosas hasta que sale en la telenovela alguien que pone en duda todos esos cimientos, que a lo mejor no todos estamos mal ni los demás tan perfectos, que blanca nieves era una vividora y el tipo que toda mujer quiere resulta ser un hijueputa, que uno a lo mejor es más que un enano gordo y narizón así no lo parezca y no le den nunca el beneficio de la duda, que estar bueno o no es simplemente un accidente y no eso que lo define a uno.

24.8.11

Actitud Positiva.



El viernes por la tarde en una circular general llegaron dos noticias. La primera era que el fin de semana no podríamos trabajar porque iban a fumigar las instalaciones. La segunda, que estábamos cordialmente invitados  a una charla. Resultó que trataba sobre motivación y la iba a dictar Jorge Duque Linares, conocido filosofo experto en el asunto y quién tiene ya varios programas de televisión, compartiendo canal con otros cristianos que escasamente pueden hablar español. La cita era para el anterior sábado a las nueve de la mañana. Yo llegué a las nueve y cuarto.

La conferencia no se realizó en las oficinas ni en el edificio, pero si un poco más lejos, en el colegio Agustiniano que queda cerca al terminal de transportes. Afuera la mayoría de la gente estaba fumando y hablando con conocidos. Yo me reuní con algunos compañeros de área que ahora están en un lugar que cariñosamente llamamos "la modelo". De los cinco minutos que hablamos solamente el saludo estaba libre de quejas por el trato que reciben allá: cada oficina tiene un coordinador que funge también como policía y le reportan directamente a la jefe cualquier novedad, por minúscula que sea. Para escoger a estos coordinadores se tuvo en cuenta su afinidad con ella. Y que tuvieran título. En la modelo los carceleros son escogidos a dedo. Aparte de los protocolos de seguridad que existen (tales como no ingresar celular, memorias, audífonos, maletas, y hasta las chaquetas) no se puede transitar por las oficinas sin la debida autorización, además solamente cuentan con un break que dura cinco minutos. Para salir de las oficinas se necesitan, por lo menos, diez. No pregunté si tenían que pedir permiso cada vez que fueran al baño, más por motivos a duras penas humanitarios, porque ganas no me faltaron. Luego de un rato y un amague de lluvia nos dejaron ingresar al recinto, casi a las diez de la mañana. El maestro apareció veinte minutos después.

Jorge Duque Linares es pequeño, gordo, con los cachetes hinchados y de escasa cabellera. No usaba gafas, al contrario de lo que se evidencia en algunos afiches o programas de la televisión. Llevaba un vestido gris, camisa blanca y una corbata que bien podía ser café. Caminaba dando pasos cortos, revelando una edad distinta, como si con cada movimiento se fuera a caer, como si sus rodillas le estuvieran jugando una broma al tener un cuerpo evidentemente más viejo de lo que realmente es. Se define a sí mismo como un educador de educadores, y tiene una misión: hablar con todos los maestros del país para que nosotros, los colombianos, cambiemos de actitud. Sus motivaciones no son muy claras. Supuestamente estudió filosofía en el oriente, en donde le dijeron que debía recorrer el país con un mensaje que aprendió allí, aprovechando el misticismo que tiene la sola mención de ese punto cardinal para no entrar en más detalles.

El auditorio no se llenó, pero muchos nos hicimos en la parte de atrás, lo que molestó a los organizadores y nos hicieron pasar a la parte central, apeñuscados todos dejando pocas sillas vacías. Supongo que habríamos trescientas personas, un cálculo apresurado y salvaje, entre adivinando y apostando. La gente de recursos humanos, toda identificada, hacía mala cara. El precio de actuar como acomodadores, supongo.

Los susurros multiplicados por la intensidad de cada chisme y comentario gracioso creaban un sonido similar al de varias abejas encerradas en un frasco, un zumbido que aumentaba con cada minuto que pasaba sin que nadie pusiera orden hasta convertirse casi en una turbina aumentando sus revoluciones. Por arte de magia vino el silencio con una palabra del doctor Gerente. Habló de como se interesaba la institución por nuestro bienestar, así que el día de hoy nos regalaban una charla con una eminencia en el sector de la salud mental. Un regalo obligado, una conferencia sobre motivación (automotivación diría luego el maestro) a la cual deberíamos asistir si no queríamos recibir un memorando. Por nuestro bien. 

En la mitad de la tarima proyectaban una presentación hecha en power point. En la primera diapositiva aparecía el producto que luego nos venderían: el maestro con su gesto lejos de ser sincero, la boca bien abierta, mostrando los dientes tratando de imitar una sonrisa pero reflejando solamente el hambre de las hienas, y con su mano derecha cerrando el puño con el pulgar hacia arriba. La comercialización del "todo bien" por parte de un señor que nadie sabe cómo se hizo famoso. 

Ubicándose detrás del atril de madera comenzó echando un chiste sobre el matrimonio, el primero de muchos que iba formando el tono de toda la charla, apuntes jocosos y picarescos sobre la infidelidad masculina y la insoportable forma de ser de la mujer; el matrimonio como tortura; el sexo como recompensa, chistes viejos que ya conocía yo de niño. Muy pocos se sentían cómodos así que dijo su primera máxima: "debemos materializar el espíritu con nuestra forma de ser, eso lo logramos con la risa. Los que no se han reído es porque no están seguros, el que no ríe es por qué tiene problemas emocionales, el que tiene problemas emocionales no sirve para este trabajo". Luego de estas palabras se convirtió, durante dos horas, en el ser más gracioso del mundo.

“¿Cuántas tutelas nos habríamos ahorrado si hubiéramos atendido a la gente con una sonrisa?” No solamente debemos demostrar disposición a la hora de hacer las cosas, sino que tenemos que hacerla visible. Una sonrisa, estando deprimido, sirve para alivianar el alma. Lo mismo puede pasar al dar una mala noticia haciendo cara de idiota, o eso pareció decir con muchos ejemplos: señora, disculpe usted, que todavía no ha salido su pensión :) ; señor, la oficina donde se guardaban los registros en el corregimiento ese se inundó :) ; Señorita, los documentos para acreditar la pensión vitalicia no están completos, no importa si su padre falleció hace diez años, le toca hacer de nuevo el proceso :).

No sé bien por qué me acordé de McDonalds. Deben ser muy felices allá.

Fueron muchos los ejemplos relacionados con nuestras labores diarias, lo que demuestra un conocimiento amplio en este mundo, algo que logró hablando previamente con el doctor Gerente. Cada cosa que decía nos remontaba a una mayoría de casos diarios mientras hacía de su acto una presentación de un comediante cualquiera en Sábados Felices, tratando de hilar chistes y encajar luego una moraleja. Nadie pareció notar que su propia sonrisa, y la carcajada en general, eran formas de patrocinar el cinismo.

Su repertorio no era solamente de bromas rebuscadas y trasnochadas, también dejó campo para los refranes. “Plata llama plata, eso todos lo sabemos. Pero, ¿cómo llamar a la felicidad a nuestra vida? ¡Siendo felices! La alegría es nuestra vitamina espiritual, el reír nos hace vivir diez minutos más”. Mientras todos se encontraban plácidamente concentrados con las palabras del tierno filosofo encantador, este nos dejó una tarea. Consistía en anotar en un cuaderno (lo cual me pareció raro que no ofreciera a la salida) las cosas que nosotros quisiéramos, exagerando la realidad. Es decir: si uno se gana un millón de pesos tiene que anotar “Gracias Dios por mi sueldo de diez millones de pesos”, una serie de intenciones que no dependen de mucho esfuerzo para que se cumplan. Aseguró que luego de unos meses las planas harían efecto, y que no funcionaba solamente con el dinero: se podía pedir por un trabajo mejor, un carro nuevo, una casa más grande o, por supuesto, mejor desempeño sexual. Esto último lo dijo con cara de idiota y riendo corta y rápidamente, levantando los hombros y mostrando los dientes en lo que pareció una sombría manifestación de Andrés López sufriendo un ataque de asma en un cuerpo decadente.

Eso se denominó “el poder de la mente”. Por lo que pareció explicar, las cosas se vuelven ciertas de tanto pensar en ellas. Según ésta premisa con llamar lo suficiente a un perro “Gato” este aprendería a maullar.  El simple hecho de asumir cosas mejores tiene un efecto inesperado. El poder de la mente. Me pregunto si mis compañeros, los presidiarios, tienen en sus cuadernos escrita la frase “mi jefa es la mejor del mundo”, si les está dando resultado o simplemente hace parte de una cadena de oración cuyo único propósito es gastar tinta, disfrazando la impotencia, la ambición y reduciendo todo a frases conformistas para no quejarse en voz alta. Todo porque la mente no tiene sentido del humor, por eso no debemos tentarla. Aunque creo firmemente que más de uno estará escribiendo sobre la renuncia de esa señora, o tal vez rogando por su muerte. No queda claro si la efectividad de la intención se ve afectada por el tipo de deseo, o si se debe pedir siempre algo bueno. Si esto resulta así no habría que contratar a gente motorizada para eliminar cosas molestas, un puñado de personas que sepan leer y escribir serían suficientes. Disminuiría el desempleo. Los bachilleres volverían a ser esa mano de obra barata y certera, sin imaginarse el poder colectivo de sus convicciones.

Tal vez la sorpresa más desagradable que tuve fue el darme cuenta de que trabajo en un lugar católico, o creyente. Hago parte de un oficinismo confesional. Pude contar doce referencias a Dios y otras cuatro a Jesucristo nuestro señor, pero no en un sentido justamente motivacional sino restrictivo: cuando no trabajamos, llegamos tarde, incumplimos términos o no trabajamos no engañamos a nuestros compañeros, ni al jefe, ni al doctor Gerente, sino a Dios, a quién podemos ver en el rostro de todos los que nos rodean. Dios nos premia con un empleo siempre y cuando mantengamos en nuestros cuerpos un magnetismo lleno de amor. ¿Cómo se logra esto? Con el poder de la mente, con la vitamina espiritual que es la alegría. Para demostrarnos este punto nos pidió que miráramos a nuestros lados. Mi compañero de la derecha vio a Dios en forma de un ídolo de barro y una rubia a la que le daba risa la palabra pene. Para mí no era más que un señor con gafas y una silla vacía.

Por otra parte triunfar es complacer a Dios con el pensamiento y con nuestros actos. Las bendiciones son la moneda de cambio. Vino la anécdota: en un entrenamiento del Deportivo Cali luego de una tormenta eléctrica, justo cuando un rayo cayó en la cancha, cayeron fulminados dos jugadores: Hermán Gaviria y Giovanni Córdoba. En medio de ellos dos se encontraba un muchacho llamado Giovanni Hernández, quién milagrosamente se salvó. Hernández es creyente, dijo, haciendo énfasis en que no insinuaba nada acerca de los pasos de sus dos compañeros. Tanto lo recalcó que a la larga parecía sospechoso, como si estuviera de acuerdo con el fatal resultado.


 Tal parece que en esos casos es mejor ser agnóstico a resultar ateo, a menos que uno sea la demostración física de un sentido del humor más grande de lo que podamos comprender.


Hacia el final de la presentación todo fue saliendose de la corriente habitual de las cosas y dio rienda suelta a su vena artística. No solo recomendó los libros que había escrito, unos de autoayuda y otros sobre liderazgo, todos a un precio distinto al del mercado, sino que cantó algo que ofrecía también en los DVDs que acompañaban el kit. "Me pagan cincuenta mil pesos por cabeza en estas conferencias, todo eso invierte en ustedes el doctor Gerente". Hubiera sido mejor una bonificación, pienso yo, en lugar de hacer que todos dejaramos de lado los compromisos adquiridos para nuestro tiempo libre en lugar de escuchar algo que la verdad no hizo sino sembrar el pánico. La actitud positiva es una sumisión feliz, un desconocimiento de la realidad en la que todas las aspiraciones se escriben en una hoja en blanco sin siquiera proponerse salir adelante mediante acciones, sino esperando. La actitud positiva es aceptar lo que llegue y pensar que cada cosa mala que suceda es resultado propio de algún error de nuestro pasado. La actitud positiva es simplemente aceptar con una sonrisa las malas noticias considerandolas buenas. Al tiempo que estabamos escuchando allí tales cosas en las instalaciones habían fumigado. En el lugar físico donde laboramos mataron bichos y pestes invisibles mientras nos mandaban de vuelta a casa con unos incómodos huevos en el cerebro.


A la salida nos ofrecieron una empanada helada y un vaso de big cola. Eso es lo que invierten en nosotros.


De camino a casa, en el bus, subió un vendedor ambulante. Contó su historia de superación personal tratando de ser simple y sin pasar a los detalles tristes. Era un adicto, en una fundación encontró ayuda y ahora en lugar de robar y aterrorizar gente se sube al transporte a vender colombinas al precio que a cada uno le parezca. Regala sus buenas acciones sin esperar nada a cambio. Casi nadie le recibimos los dulces, unos pocos le dieron monedas. Nos bendijo antes de timbrar y le regaló a un niño dos colombinas, lo que la madre de este rechazó meneando la cabeza. "Son para ti" le dijo con su acento muy del sur de la ciudad. Luego se bajó.


Creo que podía haber una analogía entre el vendedor del bus y el orador de la sonrisa esculpida en el rostro, pero sigo pensando cuantos kilómetros tiene que recorrer ese hombre para ganarse, al menos, miserables diez mil pesos.



1.8.11

Lugares comunes.

Eso es mi trasteo, todo lo que soy en mi trabajo.


Nueva oficina, la estrené llegando tarde, usual en mi. Encontré en mi puesto dos chocolates, uno blanco y otro de color junto con una nota. Contiene un juego de normas básicas que todos tenemos que cumplir. Otras instrucciones. Ocho más.
El nuevo lugar de trabajo es completamente como todos los lugares de trabajo de las oficinas en el mundo. Hasta en películas encuentra uno como retratan fielmente no solo las instalaciones sino el ambiente laboral. Adiós a los escritorios de madera, viejos, que daban otra sensación (tenían su mística, pa qué) para dar lugar a los cubículos con su aspecto completamente oficinístico. De alguna manera los extraño, me sentía en otro lugar, en otro tiempo, podía hasta tomarme más en serio mis actividades solo al sentir la madera ya dañada sosteniendo la pantalla de mi computador, al poner mis brazos para usar el teclado, el ratón. Ahora no. Me siento en un escenario cualquiera, cumpliendo como extra.


Transparencia.

El sábado pasado fue el trasteo, y hoy ya el Doctor Gerente se tomó su tiempo para pasar por cada rincón para que felicitáramos a todos por tal logro. Lo hizo en los dos pisos que ahora ocupamos, repitiendo el discurso que todos aplaudieron para sentirse mejor. El Doctor Gerente habló de como la vida es corta, que nuestro tránsito por ella se ve limitada por la muerte, que debemos aprovechar las cosas dando todo nuestro entusiasmo. Primera felicitación, promovida por él: “den un aplauso al área de recursos humanos, de seguridad y de servicios generales”. Que lo felicitaron por ver un trasteo tan eficiente, limpio, transparente, eficaz, eficiente y rápido. Agradeció luego a dios, lo que hizo sonreír a unos y luego hizo un chiste con algo que ya no recuerdo. Todos rieron. Los jefes son los seres más chistosos del universo. Más que eso: son, generalmente, seres peculiares porque nosotros, el resto, admitimos que lo sean sin chistar, tal vez algo que uno quisiera poder hacer. Sus excentricidades, que les parecen geniales a ellos mismos, las aceptamos primero por hipocresía y luego se vuelve una mezcla de envidia y admiración. Vemos los defectos en reuniones con nuestros pares, rebeliones pequeñas que sirven para desahogarse un poco. Los jefes bravos ya no son chistosos, sino temibles. El Doctor Gerente es la encarnación de dios en este lugar.

Antes del segundo y definitivo aplauso, se le dio al general retirado, coordinador del área de seguridad, el conjunto de reglas para leerlas en voz alta: no pondrás afiches en tu puesto de trabajo; no fumarás; no dejarás tu puesto de trabajo por nada en el mundo; no escucharás música ni radio; no consumirás alimento alguno sobre tu escritorio; evitarás visitas en horario laboral; usarás siempre el tono de voz adecuado para denotar cortesía; pondrás el celular en vibrador. Lo leyó con una solemnidad tal que todos asintieron, pero también con los errores que refuerzan el estigma ese que dice que los militares no poseen inteligencia, o simplemente que es distinta a la suya, a la mía. Luego nuestra recompensa, otro aplauso iniciado por él para nosotros, las caras felices, la gente que agitaba las manos de manera exagerada, con los ojos brillando.

Lo que más me hará falta del otro lugar es el pasillo ese largo que recorría el edificio como si fuera su columna vertebral, lugar de encuentro con mucha gente, fuente de casualidades pero también de encuentros inoportunos. Ahora cada que uno se levanta de la silla es un desfile para todo el mundo. Se exige concentración pero no se puede dejar de lado esa sombra que recorre la esquina porque siempre será atractiva, llamará la atención cualquier cosa que se pase por el rabillo del ojo. Nadie entiende que necesitamos interrupciones para estar alerta.

El pasillo que daba al infinito, o algo así.

Lo que más me gusta del lugar es el ascensor. Es amplio. Moderno. La gente se agrupa para hablar excluyendo a los demás. Es, tal vez, lo más cercano que pueda llegar a viajar en tren. Por ahora.


31.3.11

Los sobrinos.

Star Wars :los que ya se vieron todas las películas decían que Anakin o sea Darth Vader era el elegido pero se iba a casar o estaba casado como estaba enamorado de Padme eso le hizo llegar al odio y así se volvió Darth Vader. Bueno algunos se preguntarán o no se preguntarán cuantos años tiene el maestro de Darth Vader pues yo cuando veo la película me pregunto pues es que siempre al final de la película tiene los mismos rayos que en la tres, pues yo digo que aunque sea serían mas débiles que los anteriores pues es que yo creo que el se encontró el santo grial de Indiana Jones no pues era viejo cuando no existía Darth Vader y cuánto tiempo pasó para que Luke creciera bueno y siguió igual.

Mi sobrino en su blog.




¿Gallina? ¿acaso me llamaste gallina?


Mi otro sobrino, en la casa.


Mis sobrinos son máquinas de sacar sonrisas.

13.3.11

Lo matamos.

Once y media de la noche de un domingo. Tres Garcías armados con palos de escoba y linternas, todos en un patio con la cara torcida por un gesto que representaba sueño, flojera, indignación y mucha rabia. Todos en el patio, golpeando muebles, lavadoras, la caneca de la basura con algo de desesperación. Todos tres buscando una sombra negra. Todos hartos de la situación.

Unos minutos antes el grito, el ladrido luego y un sonido de algo que se cae, algo que se rompe. Cuando uno está tenso cualquier sonido de estos acaba rápidamente con cualquier rastro que uno tenga de tranquilidad. Tranquilidad, ese bien tan escaso por acá. Es tarde, en la noche, pero en esta casa no se duerme a esa hora. Todavía no. En este momento tan tarde en la noche en un fin de semana (literalmente el final de la semana, sus últimos minutos, esos que uno no quiere que lleguen nunca) y todos sintiendo el lunes en la espalda buscando sombras peludas y con cola. Luego de ese sonido de algo que se caía era buscar la venganza, nadie ni nada se mete en esta casa, nadie ni nada la irrespeta ni asusta a nuestra madre. Nada ni nadie nos tendría a esta ahora afuera, con frío, y nosotros nos repetimos mentalmente que se trata de una cuestión de honor para disimular todas las cargas que hay, todos los problemas que representa el matar un ratón. Hasta para matar un hijueputa ratón mi familia es complicada. Las peleas entre nosotros, ese indisponer al otro por este pequeño problema. Buena movida del ratón, muy buena ponernos a todos en contra, pero muy mala el salir a burlarse de nosotros en nuestra cara: corriendo pegado a la pared, intenta escalar para salir por el tejado pero cae. Hace una voltereta en el aire y vuelve a esconderse. A reírse mostrando sus dos gigantes dientes y tratando de tapárselos con sus asquerosas patas. Revolcándose de la risa. Ya no gritamos nada, pero la furia está a flor de piel. Ya no hablamos porque estamos cansados de que estas cosas pasen así. Solo queremos matarlo, acabarlo, que deje de joder de una vez por todas.

Nos enfocamos en un mueble donde se esconde, uno gigante que lleva años en el patio. Hacemos ruido. Creemos sinceramente que el ruido lo incomodaría y lo haría salir de ahí. Tratamos de hacer ruido para que no se escuchen esos corazones cargados de odio, latiendo dura y pesadamente maldiciendo un poco su propia suerte. Vamos corriendo la lavadora, un cilindro de gas que está ahí en caso de emergencia desplazado hábilmente y con una sola mano gracias a la adrenalina. El palo de escoba en el centro, dando golpes secos. El puño cerrado por la izquierda con movimientos desesperados. Yo con mi cepillo por la derecha, lanzándo golpes a todo lo que hubiera allí. Cada vez más fuerte, cada vez más desesperante. La sombra peluda con cola y dientona que emerge, que trata de huir nuevamente por esa difícil ruta que le fue imposible de seguir. Ratón obstinado. Lo admiro un poco, ahora, que veo su persistencia, que trata de escalar como sea por puro orgullo, minimizando esa amenaza que representamos porque no nos considera peligrosos: ahora toma la ruta difícil para reparar su ego. Alcanza a elevarse un metro y medio, casi el doble de altura que en su primer intento, vuelve a caer. Reacciono inmediatamente, abanico en el aire y asesto un golpe contra algo que no sé que es. Se rompe la madera, ese odio que somos los tres hace que empecemos a dar patadas en dirección al mueble. Más duro. Más duro. Sal de ahí. Sal de ahí. Prendo la linterna, miro entre los pedazos astillados de palo esa maldita sombra peluda con cola dientona burlona y ahora con la cabeza aplastada. Headshot. El golpe fue mio pero lo celebramos todos, la victoria es nuestra, de los tres Garcías. Ahora viene lo humillante, el recoger su cuerpo y sacarlo a la calle, a la cesta de basura que hay en la avenida, el no tener cómo exhibir el trofeo. Lo envolvemos en una bolsa, lo saco, lo tiro, vuelvo luego al patio, tratamos de arreglar todo. El cilindro de gas que ahora toca mover con las dos manos. Intentar matar un animal de ese tamaño nos hizo sentir fuertes, con super poderes. Luego de otros 30 minutos dejamos todo como estaba. Incluso mejor. Lo matamos pero él gana. Perdimos lo que resta de domingo, ahora lunes. Una hora menos de descanso. Montones de agua y cloro. El mal genio latente. Va a ser una mala semana.

28.2.11

Tragedias de la vida moderna.

Luego de un fin de semana algo particular pasa una de esas cosas que son capaces de cambiarle la mañana a uno. Llego dando botes, tropezando, rompiéndome un dedo del pie derecho porque camino muy rápido (y ya para qué, para llegar un par de minutos más temprano: 8:18 en lugar de 8:20 de la mañana) y paso la tarjeta por el lector digital que se acostumbra un poco a que nunca llegue a tiempo y cojo las escaleras y subo y camino todo el largo pasillo hasta la oficina 215 en donde entro y luego de decir un tímido "buenos días" me siento en frente del computador, pensando en miles de millones de cosas que tengo pendientes y urgentes no solamente en el escritorio sino en la vida en los bolsillos en la cabeza y en las manos y prendo el pc y me sale la pantalla del usuario y la contraseña y entonces todo se va mucho a la mierda. Parpadea el cursor esperando a que ingrese la clave mientras me agarro la cabeza sin saber bien por qué algo tan pequeño se me ha ido como entre un caño y no sé que escribir. La primera clave era cajaman, luego cocacola y la que tenía hasta la semana pasada, hasta el viernes muy a medio día fue pachamama. Y no, trato de pensar en las cosas en las que pueden llenar ese espacio para poder ponerme a producir cosas en el trabajo y en internet y en el chat y todo eso, y entonces la cita que uno tiene por la mañana con la bandeja de entrada se ve aplazada porque uno es un idiota y no sabe que hacer. Me desespero. Comienzo a mirar cosas que están en la pared, en la cartelera, porque de alguna manera las claves todas estan relacionadas con algo que veo aquí cerca de donde me siento. Y fáciles de escribir. Pero no, no doy con la palabra secreta. Como muchas cosas en mi vida alguien (en este caso algo) espera a que yo diga la palabra correcta, y yo sufro y sufro porque yo no la sé, yo nunca la sé. Yo siempre hablo y escribo de forma automática, como si todo fuera una plantilla predeterminada. Así me pasa en la oficina. Cuando estoy trabajando simplemente mi cuerpo toma control de todo el asunto y todo es ver o revisar o escribir o quitar y muy pocas veces pensar en si esta cosa está bien o mal, porque es tan repetitivo todo que uno sabe muy bien cuando las cosas están mal. Mi cuerpo el esclavo y mi cabeza pasa a revisar cada nada, muchas veces es así, luego cuando surge una tarea distinta o nueva uno como que lo da todo y ya, de vuelta a la normalidad. Y esta mañana la pantalla preguntándome por mi contraseña y yo con esa urgencia de entrar a la rutina nuevamente. Y no. Nada. Me jalo el pelo, agacho la cabeza, cierro los ojos apretándolos bien duro a ver si así me saco algo de información, como si exprimiéndolos esa maldita palabra saliera de ese oscuro rincón de mi mente pero no, no pasa nada, no hay nada. Todo en blanco como la casilla que debo llenar. Comienzo a acordarme de para atrás, que hice esta mañana, anoche, ayer por la tarde, ayer por la madrugada, el sábado en la noche, el sábado en la tarde, el sábado en la mañana, el viernes de noche, me acuerdo de todas esas situaciones, del dolor de estómago del viernes, de esa noche recorriendo unas calles con ese frío, de la mañana del sábado con un problema que no fue tan difícil de sortear, la tarde con las cosas que hice, la ropa que me puse, el lugar al que fuí, lo que comí, las sonrisas que vi, las palabras que escuché, los rostros sonrientes todos y todos como para mi, luego la música, los encuentros con desconocidos y más y más risas, de una cierta tristeza del domingo por la mañana que a esta hora me persigue, de la tarde lenta y larga buscándo un ratón, de la noche corriendo detrás de herramientas para un carro que no quería dejarse arreglar. Y no, no me acuerdo de la puta clave, vida hijueputa, yo que venía pensando en muchas cosas más importantes pero esto si me acaba de joder la vida, ahora yo que hago, ahora no puedo hacer, ahora no puedo perder el tiempo mientras me canso de hacer, ahora no puedo andar en modo automático llenando formularios y corrigiendo datos de personas que ya deben estar muertas sin pensar un poco en ellas. Ahora miro a mis compañeros como tratando de descifrar que puta clave tendrán ellos, me miran mi angustia, porque dejé de ser una persona para ser un ente que sufre por una palabra estúpida y les cuento y me río, y se ríen y me dicen que un cumpleaños, o mi cédula o el nombre de alguien o de algo y yo les digo que no, que no, que eso no me sirve, que yo no pongo cosas así, que pendejada, que es algo fácil de escribir y que no se me olvidaría nunca, pero no, estoy comiéndome las uñas mientras por dentro se me derrumba todo por una hijueputa clave de un computador que no es mío. Me levanto, voy a la parte de sistemas, les digo que se me olvidó la clave, me recuerdan que el viernes la resetearon porque un pelmazo no pudo escribir bien luego de mil indicaciones y sugerencias de cómo escribir pachamama (la madre tierra, mire, escriba así: pe a ce hache a eme a eme a sin mayúsculas y todo seguido) y entonces yo otra vez dando la cara, explico que no fuí yo quien bloqueo mi pc pero ahora sí soy el culplable porque se me olvidó. Y luego de reirse de mi desesperación que todo el mundo encuentra graciosa la reestablecen y puedo entrar al pc y antes de sentarme pienso en como es que pasan estas cosas si no vivo metiéndo droga ni pegante o que no hay historial de enfermedades degenerativas en mi familia y lo único que se me ocurre es que estoy mal de la cabeza animal y llego y me siento y me calmo un poco.
Y ya.
Y luego me conecto para contar todo esto y en medio de la euforia recuerdo que la malparida clave era megaman.

14.9.10

The Dark Knight

Y entonces Javier Cáceres luchó contra la corrupción lo suficiente para....

Véanlo ustedes




you either die a hero or live long enough to see yourself become Javier Cáceres

Cortesía de @jknventive

28.1.09

Yes We Can



Por que al que no quiere caldo, se le dan dos latas.

22.8.08

I love my Job


En un intento, inexplicable, de seguir mostrando como les va a algunos personajes dejandolos en situaciones adversas, Brian Andrews se vino a Bogotá como el gran presentador de RCN Noticias, pero en Ingles: RCN News. Lo hace muy bien, pa que. Es una versión bonachona de Ron Burgundy.

Sin embargo, después de someterse uno al material en su canal de youtube (porque donde mas lo mira uno) se da cuenta que lo único diferente que tiene la producción del Noticiero de RCN en ambos idiomas es él mismo. Ya lo vi con Claudita Gurisati, con Ana Katalina Torres y demás. Su profesionalismo se demuestra al no echarse a reír después de escuchar a todas estas niñas tratando de hablar en inglés.

Brian, como toda persona que se respete, tiene un blog: www.brianandrews.blogspot.com. En una de sus entradas manifiesta que ama su trabajo y acompaña esa entrada con esta imagen:


Digo, está clarito. ¿Como no va a amar su trabajo? Si yo compartiera el set con una compañera que tiene una fama como la que tiene Laura Acuña, y de la que dicen no usa calzones... En serio, en esa misma posición, ¿seria capaz de pensar distinto?

4.2.08

No mas FARC



11.1.08

John Barry


John Fraking Barry, es un compositor, cuyo "único" logro es haber compuesto la música de James Bond.

Si, y la interminable batalla de si fue Monty Norman o John Barry, la cual no interesa.

Este señor Británico, ha lgrado hacer 11 bandas sonoras del 007, en las cuales creo un ritmo con orquesta, con los "riffs" de una guitarra eléctrica y trompetas, hacer la música de espías por excelencia. Revisen todas las parodias (Cody Banks, Foxhunt, series de los 60's, 70's y 80's) y los homenajes (Los increíbles) y me entenderán.

Crear la música de un género, ser parte intrínseca de la banda sonora de una de las más grandes franquicias del mundo (más de la población total del mundo ha visto al menos una película de Bond), escuchar el cambio de ritmos que pasan de un abrazo a una puñalada, es realmente sorprendente.

Pero no contento con ello, o para quitarse ese lastre, el señor Barry ha creado Bandas sonoras tan recordadas como la ganadora del Oscar "Danza con Lobos" (pero no por ello reconocida o distinguible), Born Free, Out of Africa (otro Oscar), Midnight Cowboy, Propuesta Indecente...

Un genio, un homenaje, un aplauso.

28.11.07

Creatividad (¡Por fin!)

Mientras en Venezuela tienen al Puma, aca no nos podemos quejar:






Eso sí: el mejor comercial colombiano del que tengo memoria.

1.11.07

La pasión del hombre

Anoche, en Barranquilla, hubo un partido que pareció emocionante, un clásico (como todos los partidos en nuestra jornada) entre los tiburones y los diablos rojos... quien come a quien?

El partido estaba caliente y emocionante, no por jugarse en el Metropolitano, al nivel del mar, sino por las connotaciones que el mismo tuvo. El Junior cuenta con su más emblemática figura (y la de la selección también) Carlos el 'pibe' valderrama, como director deportivo - es decir, el técnico que no se cae -, y por su parte el américa juega despues de una serie de desastrozas campañas en las cuales la "mechita" se apago. Ayer era definitivo, el que gana puede clasificar (aunque muy complicado para los rayados de la costa) y el que pierde, que piense en la natilla.

El morbo estuvo puesto en la cancha, y como el ave fénix, los jugadores pusieron de lo que más tienen para obtener un resultado: zapato.



Lastima que técnicamente no hubo mucha demostración... si nomas el 'Pibe' estaba más preocupado que le cambiaran un billete para poder disfrutar de su verdadera pasión:


Lastima pibe, esperábamos más de vos.

25.10.07

El Ave Fenix

Yo no sé si a ustedes, previo a la Web 2.0 les llegaron montones de correos cadenas o FW's donde hacían ejercicios que terminaban con una cuenta regresiva hasta 10 y el cumplimiento de muchos deseos (lo cual nunca vi cumplido). pero bueno, hubo uno - no lo recuerdo bien porque se me olvidó la clave del correo - donde preguntaba a manera de chismmografo (antes de la Web2.0 no había facebook) y preguntaban que animal le gustaría ser o a cual se parecían...

El animal más común es el delfín por lo de inteligente, el león por lo fuerte, la serpiente por rastrera (no faltará), y los gaticos por lo tiernos. Algunos más míticos responden que el Dragón... pero ¿qué hace un dragón?, se queda a matar caballeros, a secuestrar princesas, a dificultar el transito en las poblaciones y quemar todo con su aliento, yo no quisiera ser un dragón, porque parece más un terrorista que un animal.

Si me preguntan, esta sería mi respuesta.


















El Fenix (or Phoenix) es un ave mitica y milenaria, un pajarito de la familia de los inventados el cual si me preguntan no se que hace, que come, de donde sale, que tan grande es, cuanto huevos pone (o tiene en mi caso), solo se el cuentico viejo, el del animal que cada 500 años, aburrido, desesperado o simplemente desprogramado hacia una fogata, se quemaba y resurgía de sus cenizas.

Yo quiero ser un ave que no se deja ver, que nunca aparece cuando se le necesita (¿si se le necesita?) pero que es capaz de hacer una fogata. Un pájaro que puede hacer una fogata debe tener algo, aunque si es tan pendejo de meterse en él (me imagino que para probar que está caliente) a la larga no es tan inteligente.

Pero ser capaz de surgir de sus cenizas (en el sentido literal) y no morir, suena como rico. solo queda la duda si de pronto se moría de otra manera, surgía de sus cenizas.

La verdad no importa, solo sé que el Fénix es un animal ejemplar, con diferentes capacidades , a diferencia del pingüino puede volar.

En la actualidad, el Fénix es una referencia casi que obligada, uno no se levanta cuando se cae - lo puede hacer - pero es mas poético decir que como el ave fénix resurgió de sus cenizas.

Pues yo soy como el ave fénix, tan simple como eso, algúun día terminare esta historia (cuando me acuerde)

Ahora bien, yo quisiera ser como este: